miércoles, 30 de abril de 2008

La vida es más bella

Cada día la vida es más bella
Porque cada día es una nueva oportunidad para ser más como tú.

Papá, no quiero llorar
Pues quiero sentirte aquí y no lo conseguiré con lágrimas;
Sólo la risa me acerca más a tí.

Papá, hasta pensé en dejar de cantar, pero decidí cantar el doble.
Me dirías, cariño, tú que puedes, canta por los dos.

Cada día la vida es más bella
Porque cada día es una nueva oportunidad para ser más como tú.

Lo prometo

Que te pierdas mi graduación,
Que no estés en el próximo viaje,
Que no veas la nueva obra,
Que no disfrutes de los veranos,
Que no cantes las navidades,
Que no conozcas a los que vengan,
Que no te recuerden los que vienen.

Y lo que más siento es que esta noche no cenes con nosotras.

Pero te prometo nunca más escribir algo triste con tu nombre.

Lo que te empecé a contar

- Papi, te quiero.

- Y yo a ti, mi vida.

Me contestaste con un beso al aire, con la mirada un poco ida, tumbado en la cama mientras yo te sostenía la mano.

- Papi, ¿Sabes de qué me estaba acordando? De nuestros viajes.

- Ah, ¿Si?

Y cerraste los ojos, abandonándote a mi voz, que te hablaba de maravillas y sueños vividos juntos.

¿Te acuerdas cuando fuimos a Puerto Rico por primera vez de vacaciones? Todo el día en la playa del Caribe Hilton, sol, calorcito... y descubrimos los platanutres. ¿Y cuando fuimos a Orlando?, que me asusté en Rocket Mountain, nos subimos los tres y yo lloraba y lloraba. Pero luego volamos en la bici de E.T. Y en Caracas, ¡cuando cogimos en brazos al perezoso! De esos bichos no hay en el pueblo.

En el 95 nos mudamos a Puerto Rico, la isla del encanto… y vivíamos en nuestra casita, y nos bañábamos en la pisci todas las noches cuando llegabas de trabajar y me enseñaste a tirarme de cabeza, y jugábamos al baloncesto. Abrías cocos con el machete, mamá cerraba los ojos y yo me reía. Y las tardes en la terraza, oyendo la lluvia caer y al coquí cantar. Le puse nombre a todas las lagartijas, Eusebia, Pepita. Los fines de semana mamá también se bañaba en la piscina y qué guay cuando me dejaba mojarle el pelo y también jugaba. Te encantaba el mofongo, nos hartábamos de agua de coco y quenepas. Nos recorríamos la isla en la guagua y paseábamos por las calles del Viejo San Juan. Creamos una nueva familia con nuestros amigos; además de todos, los Colo. Y cantábamos de memoria Los Colores de mi Tierra.

Luego empezamos a viajar por Estados Unidos, a Nueva Yól, que nos colamos en un partido de los Yankees, a Washington con los "Eugeeeeenio", y a Boston; Beacon Hill le encantó a mamá. Y el viaje a las Cataratas del Niagara (a Toronto -Tontonto-, Otawa y Montreal), donde conocimos a Toñi, la de las alitas de pollo. Y el viaje al otro lado, en el autobús de los Pedro-Amparo, por San Diego, Los Ángeles -donde mamá aprendió a pedir una pajita en inglés a expensas de nuestras risas-, y la foto que tenemos tú y yo rodeados de pinos en Yosemittee Park, y yo con mamá abrazando una enorme sequoya. ¡Y la risa que le dio a mamá con la foto de los chinos en San Francisco! Fuimos a Phoenix... y al Gran Cañón, ¿Te acuerdas, papá? Y en las Vegas, ¡cómo nos abrasaban los pies en el asfalto del calor!

Papá, y después de tres años de vacaciones -como dice mamá-, nos mudamos a São Paulo. ¡Cómo te gustaba esa ciudad! Desde el salón de casa se veía todo Ibirapuera, nuestro piso qué bonito, "¿Copo d'agua?" Y conocimos a Vandita, Marcio, João Marcos. Acogimos a Coquí para siempre, rubio como mamá mientras yo seguía siendo tú sin bigote. Conocimos a nuestra familia de turno, los que siguen allí y los que ya están aquí en España con nosotros: Nuestros amigos de Brasil. Los fines de semana nos íbamos por ahí a comer, y por la noche veíamos pelis los tres y nos dábamos vueltas con el coche (el Super-vu) por la Avenida Paulista. Por las mañanas tú me acompañabas al cole y luego yo te esperaba en casa a que llegaras de trabajar.

¿Te acuerdas de los viajes con los Benedito? A los carnavales de Salvador, subidos en el trio-elétrico de Daniela Mercury y Araketu. Praia do Forte y las tortugas marinas, Recife (descubrimos lo que era Pernambuco), y mamá se horrorizaba cuando saltaban los sapos a nuestro paso en Fernando de Noronha. Vimos el arco iris en el agua salpicada de Iguaçú. En Natal montamos en bugui por las dunas "com muita emoção" y paseamos por Copacabana en Río de Janeiro. Buceamos los tres juntos, dejándonos llevar por las aguas cristalinas en Búzios. ¡Y te dijeron que tenías acento de Mato Grosso! Fuimos a Gramado y Canela, pueblitos de cuento. Ganamos el mundial. ¿Y en Manaus qué? Pescaste más pirañas que nadie, y tú y yo nos las comimos frititas después. ¡Qué risa y qué miedo cuando nos acorralaron los monos!

Viajamos desde Brasil a Perú y a Bolivia, sin saber que más tarde viviríamos allí. Estuvimos los tres juntos en Cuzco y Machu Picchu, “¿Una foto, amiga?”, y en medio del lago Titicaca dormimos congelados en la isla del Sol y yo me resbalé por el terraplén en la isla de la Luna.

Luego con las "meninas" fuimos a la Patagonia. Cruzamos el Cabo de Hornos, vimos el faro del fin del mundo de Julio Verne y corrimos detrás de los pingüinos. Casi morimos en el barco con la tormenta del lago Grey, donde poco antes te tomaste un whisky on the rocks con hielos del glaciar, más chulo que un ocho. Y luego para cruzar el río con las maletas en la barcucha de mala muerte, con Jonatán al mando. En el bus todos juntos, cruzando la estepa que no acababa nunca. Las torres del Paine y los autobuses asesinos de Santiago de Chile.

Vimos tangos en Caminito, paseamos por La Boca y Puerto Madero con "esses tíos" en Buenos Aires. Y por capricho de conocer fuimos a Montevideo, y por pura petetería a Asunción.

Y papá, me dicen que no deshunzo, pero claro... cada vez que volvíamos pa'cá "ya que estamos" aprovechamos para conocer Europa y más de España.

Como siempre hacia arriba y adelante, te mandaron a Perú, y nosotras a tu lado como siempre. Reencontramos a los Colo y conocimos a nuevos tíos; Hoy son amigos para toda la vida. Con la excusa de que Lima no tiene mucho, descubrimos todos sus rincones. Y los domingos por la noche dábamos vueltas por la Plaza de Armas, toda iluminada. Los sábados por las mañanas no sé cuantas vueltas le disteis mamá y tú al golf, con el orejas-suaves tirando delante, claro. Disfrutamos del marisco, de los paseos en coche por la costanera del Pacífico, y del ambiente y la música del Sonia. Porque en eso eras maestro, papi, en disfrutar.

Viajamos como siempre, en cada oportunidad. Hicimos un crucero por el Caribe, ¿Te acuerdas de la cascada de Jamaica? Fue lo mejor del viaje, ¿a que sí? "Sin las gafas, I don't know" jeje. Luego compramos otra de tus máscaras en Haití, para la colección. Estuvimos en Miami y en los Ever Glades, a mamá le hicieron tocar al lagarto, y tú grabaste el paseo en barca enterito con la tapa puesta. ¡Cómo nos reímos!

Fuimos a Bogotá, nos sorprendió mucho para bien ¿verdad? Estuvimos en el canal de Panamá, y viajamos muchísimo dentro de Perú. Pero el mejor viaje de todos fue cuando vinieron Alberto, Dini y María. ¡Qué bien lo pasamos, hicimos el tour entero del país! Lima, Paracas, Arequipa, el Cañón del Colca (cuando a María se le acabó el carrete en el peor momento y mamá gritó ¡Los cóndores!). Y luego en Iquitos comimos lagarto y sabía a pollo, tomamos hormigas fritas y probamos en un mercadillo de Belén un gusano gordo y arqueroso a la parrilla. Si tú lo pruebas, yo lo pruebo. ¡Y lo hicimos! Además, una tarde empezó a llover y nos pusimos a tocar la guitarra y a hacer autodefinidos, nunca dejaremos de meternos con María y con mamá por el "Osinri". ¿Te acuerdas de los tiros de cervatana? "¿Le he dado?" El loro Maruja y la foto que ya tenía que estar hecha. Y por el Valle Sagrado, cuando nos enconramos con la fiesta en aquel pueblo y todos tomando chicha... qué escenas. A Alberto le escupió una alpaca. Y qué risas con Casas-viejas y con "Walter, ya hemos llegado."

Cuando yo me fui a Nueva York, vinisteis los dos a dejarme, y cuanto más llovía más nos reíamos de tí y de tu super paraguas desvencijao y con los alambres salidos, aunque el de mamá y mío era parecido. Paseamos los tres de la mano por la Quinta Avenida y por todo lo mejor de la gran ciudad. Siempre los tres juntos.

Como cuando fuimos a México. ¡Por fin! En la Plaza Garibaldi, qué divertidos los mariachis. Y Guadalupe, Cuernavaca, Puebla... Y las pirámides de Teotihuacán, ¿Te acuerdas del "está resbaloso, pá"?

Y estos son sólo los mejores viajes, los que hemos hecho los tres juntos. Pero más has viajado tú con mamá y yo sin vosotros. Pero siempre para volver al mismo sitio, con las mismas personas.

¿Eh, papá? Tantos viajes para siempre volver a Madrid y a Bienservida, donde nos juntábamos todos: Los veranos paseando por la carretera con el Pico del Padrón al fondo, y los inviernos con la chimenea, la guitarra y los villancicos. Y tú siempre en el centro. Y todos alrededor. Todos juntos.

- ¿Te acuerdas papá?
Papi, te quiero.

- Y yo a ti, mi vida.

Recuerdo a papá

Recuerdo a papá cantando, disfrutando, riendo a carcajadas.
Recuerdo a papá feliz.
Bailando con mamá merengue en el salón de casa.
Conmigo, riéndonos siempre los dos, inventando.
Nos recuerdo a los tres unidos.
Viajando.
Pero siempre para volver a Bienservida, donde todos somos uno, y por ti estamos aquí.

Chiquillada y alboroto: tú eras siempre el culpable.
Nunca triste, nunca enfadado, jamás rendido. Nadie te puede recordar así. Sólo rodeado de familia y amigos.

Papá no se fue hasta que le prometimos al oído estar fuertes, juntos. Que seguiríamos siendo así, como él nos ha enseñado.

Es muy grande la pena de estar sin ti, pero es mucho más grande el orgullo de ser tu hija.

Recuerdo a papá VIVIENDO.
Y así está en nosotros.