Revisando tu agenda, papel de escritorio convertido en tesoro ahora que conserva tu ortografía y tu estilo, leo los primeros días del año:
16 de enero “1996- Incorporación Auditoría General, BBV- Puerto Rico” 17 de enero: “Cumpleaños tío Juan José Pretel Navarro” 18 de enero: “1988- Cumpleaños Dolores Serrano Morote” 19 de enero: “1996- Incorporación Paloma, Baldwin School of Puerto Rico”
Si estuvieras hoy, 25 de enero, rellenarías otro espacio: “2010- Incorporación Paloma, Comunicación y Marca BBVA- Madrid”… o algo así.
Esta mañana caminaba por delante del edificio, y al pasar frente al logo azul creí notar que me crecía un bigote debajo de la nariz. Esta noche te habría contado tantas cosas, imagino que con unos pipes y una cerveza, o talvez con una copa de vino en la cena habríamos comentados las jugadas. ¿Por qué te pierdes estos momentos?
Ni siquiera puedo echarte de menos, sólo en falta eterna ya. Pero lo haré bien, espero, para que todos sepan que soy Serrano, pero Serrano… de Vicente Serrano.
Han llegado los días de los Villancicos. Recuerdo cuando papá cogía su guitarra y, en un círculo, a su alrededor todos entonábamos.
Dar a play:
Papi cantaba el bajo
Me acuerdo cuando era un chaval, Los tiempos era duros y las cosas andaban mal. Pero hay un claro detrás de cada nube. Sólo gente pobre, eso éramos. Intentando vivir de la tierra negra. Nos juntábamos en un círculo familiar para cantar.
Papi cantaba el bajo Mamá cantaba de tenor. Yo y mis hermanos pequeños nos uníamos a ellos. Cantar parece ayudar a un alma turbada. Uno de estos días ya no quedará mucho, Me reuniré con ellos en una canción. Voy a reunirme con el círculo familiar en el Trono. No, el círculo no se romperá. Así y así, Señor, así y así.
Papi cantaba el bajo Mamá cantaba de tenor. Yo y mi hermanos pequeño nos uníamos a ellos. En el cielo, Señor, en el cielo.
Ahora recuerdo que después de trabajar Mamá nos llamaba a todos Y nos podías oír cantando desde más lejos que una milla. Ahora el hermano pequeño se ha ido. Pero me reuniré con él en una canción. Estaremos juntos allí arriba en dentro de un ratito.
Papi cantaba el bajo Mamá cantaba de tenor. Yo y mis hermanos pequeños nos uníamos a ellos. Cantar parece ayudar a un alma turbada. Uno de estos día ya no quedará mucho, Me reuniré con ellos en una canción. Voy a reunirme con el círculo familiar en el Trono. No, el círculo no se romperá. Así y así, Señor, así y así.
Papi cantaba el bajo Mamá cantaba de tenor. Yo y mi hermanos pequeños nos uníamos a ellos. En el cielo, Señor, en el cielo. En el cielo, Señor, en el cielo.
En nuestro coro falta ahora su guitarra y su voz, pero nos reuniremos con él en una canción.
Ojalá nos hubieses dejado un manual de instrucciones. Porque… por increíble, inverosímil, imposible que parezca, los que te hemos conocido sabemos que es cierto. Siempre hacías las cosas BIEN. Así, las hacías parecer fáciles. Y además, las hacías bien para todos.
Sin ti la vida se ha complicado un poquito, pero sí, papi, es un reto más. Nos has dejado un tesoro, que es tu manera. Y cuando nos enfrentamos a una situación distinta, alegre, dolorosa, o simplemente nueva, podemos rebuscar en nuestros adentros y evocar tu mirada fina y sabia; tu sonrisa comprensiva, alentadora; tu abrazo protector transmitiéndonos confianza en nosotros mismos, y tu gesto familiar pero firme, regalando fuerza y entereza.
Si me pudieses oír, hoy te contaría una cosa. Tú me aconsejarías. Hoy, no me puedes escuchar. Y si lo haces, yo no te oigo a ti.
Así que estoy repasando en mi memoria los archivos almacenados en dos décadas, para intuir qué hacer, y cómo. Debo repasar tu manera: Pensar qué dirías y qué harías tú. Y que me dirías que hiciera yo.
Por ti sabemos que hay que calcular riesgos y estar dispuestos a asumirlos, tratar los asuntos más difíciles y delicados con tacto- pero tratarlos, y resolverlos sin demora. Actuar rápido y con elegancia.
Pensando en ti, siempre podremos ser auténticos, nosotros mismos, y reivindicar nuestro derecho a equivocarnos. Lo que no hagamos es lo que nos perdemos, así que, papi, dame el empujón que necesito. Si ahora hay que apretar –si es lo que toca-, se aprieta, porque lo bueno puede ser mejor. Tú decías que hay que ceder en lo accesorio y ajustar en lo fundamental, que es preferible dar dos pasos adelante y retroceder uno, que no dar ninguno. Decías que hay que atreverse a hacer las cosas diferentes. Con paciencia, pues es mucho más fácil hacer las cosas bien. Pero también a veces hay que elegir entre lo fácil y lo correcto. Sí, papá, todo es ponerse. Y los problemas son problemas porque tienen solución, esa me la apunto.
Al fin y al cabo, la mayor tranquilidad, la seguridad del mundo cabía en mis manos cuando decías: No pasa nada.
Nos enseñaste a vivir. No dejaste instrucciones, pero nunca salgo de casa ni salgo de mi misma sin el manual de estilo para la vida –y para vivir- de Vicente Serrano Navarro, Papá.
Hacer reír y hacer felices a los que me me rodean. No tengo más sueños que cumplir, sólo quisiera que éstos fuesen reales. En silencio, por las noches te busco en ellos. Te busco porque despierta no te encuentro, y en los sueños te tengo que inventar. Para tocarte, para ver tus gestos, tu sonrisa. Quiero que existas. Nada más.
Dar a play:
"Son sueños que son de verdad. Me gustaría que fuera real. Son sueños, quiero llegar hasta el final y nada sirve si no estás.
En silencio, te busco y sueño con poderte amar, y te sigo buscando tanto tú en mi nunca te has fijado, por eso te tengo que inventar. Te sigo esperando tanto, tú en mi nunca te has fijado por eso te tengo que encontrar.
Son gestos que quiero mirar me gustaría poderte tocar. Son sueños, quiero que existas nada más sigo buscando ¿donde estás?"
Llamé al teléfono de papá, y me contestó su voz. Hola bonita. Hola papá. Fui a buscar a papá. Y al verme, con su naturalidad y sonrisa se volvió a mi como diciendo Ahí estás.
Se esfumó.
Papá estaba aquí otra vez. Lo sabía, pero no le podía ver. ¿Era tu espíritu, papi? ¿Y eso qué es? Y qué más da. Dicen que todos los espíritus vuelven para despedirse.
- ¿De verdad es papá? - ¿No lo sientes? - Si…
Pero papá ya se tenía que ir. Se metió en una especie de ascensor y se cerró la puerta, impidiéndome ver lo invisible.
De pronto se volvió a abrir la puerta. No se veía nada dentro, pero papá estaba allí y empezó a jugar como cuando nos despedíamos en los aeropuertos: Desaparecía y luego volvía a saludar, desaparecía y aparecía otra vez para mirarnos una última vez.
Estaba haciendo lo mismo… entrecerraba la puerta y antes de cerrar, fíum, se volvía a abrir. Me hizo reír. Sabía que era papi. Reía y reía mientras papá iba cerrando la puerta cada vez más, hasta que ya no se abrió.