viernes, 6 de noviembre de 2015

Cosas nuestras

Anoche no pude encontrarte. En todos mis sueños te buscaba y no estabas, así que se tornaron pesadillas.

Te buscaba y no te encontraba, no estabas...

Para hacernos juntos los chulos, más que un ocho o como un cero con cinturón, 
Para ser el tío tío tío que toque un fandango, 
O decirle al negrito que duerma, que su mamá está en el campo, 
Para ser representantes de futbolines y de paraguas, 
Y de paso haber cortado una flor, ayer que llovía-yo-vía, 
Para descubrir brujas hermosas y todas esas cosas que soñábamos en un mundo al revés,
Para avisar de que llegarías andispués
Para dirigirnos en el Chito-chito muy bajito, no se vaya a despertar, 
E ir todos a bailar a Cortilandia, porque ya es Navidad,
Para imitar el toc-toc uh de Ángel Garó o tocar el violín invisible ¡cháaaaaan! de Tamaríz, 
Y rascarte si te pica la naríz,
Para cantar el Ratón Vaquero, el chiquitín de Susanita
o el del señor Martín-tin-tin
Para contestar al teléfono a lo Millán um-hehe-um-hehe
Y escandalizar a lo Raphael, como si tú fueras aquél
Soltar un soplamocos o esrribar unos dientes
Subiendo la Avenida Tiradentes,
Pegarlos de nuevo con un pegamento (que por cierto sería muy bueno), 
Y arrear con un remo al tuerto en el ojo bueno,
Para decirle al guarda que no eres “delinqüente” sino un “cara carente”,
Y, si no, pues un collar con las perlas de esos dientes,


Para contarme un cuento que nunca se acaba
O adivinar lo que tiene el rey en la panza, 
Para augurar un baile de máscaras en cierto lugar, 
De cuyo nombre no quiero acordarme…
Para señalar a cualquier collíto que pase,
Para recitar espúrtidrali-estiri-la-cabeza-apuntin-la-cimborria-ajos-porrios, 
Y ‘sún deber… 
Saber que el Niño Robot le pedía a su abuela que le diera cuerda para ir a la escuela,
Para saciarnos el hambre de la mula churumbela já,
Y que Haime bahe la haula y ate la haca a la reha,
Para partirte, mondarte, desternillarte y reírte de Janeiro,
Reírte también si va’ldenal o si pués bajal
Para inclinarte entre Ssspectacular, Strordinario y Cenomenal
Para pasarte un copo d’agua
Como en la versión inventada del Lebrijano, que se le cayó un pañuelo dentro del agua, 
(chibulí, chubulí...)
Para decirte de memoria los diálogos de Timón y Pumba
mientras el moro Musa sale de su tumba tumba tumba, 
Para pasarte a puñaos por debajo de la puerta garbanzos torraos
Y marcarte un baile de acanchú des montes player anden blus se espejó
Para vivir en na-na-na-ná na-na-na-na-na-na-na-ná los mundos de Yupi, 
Para llamarte Frampi en vez de Papi
Para que me llames Nena en vez de Palo y, 
si nos dieran a elegir, quedarnos siempre con la del pirata cojo con pata de palo. 

Todas estas, muchas otras canciones y tonterías eran nuestras cosas. 
Pero, Cucú, papá se fue.

Sólo puedo escribirte cosas que no vas a leer.
Pero no me importa que los sueños se tornen pesadillas, si en ellas te vuelvo a ver.

martes, 14 de abril de 2015

Lleguemos a un acuerdo, Papá

Oi Pai,

Hace siete años que no te veo y 2555 días que no te hablo; un par de días más desde que tú ya no me contestabas. ¿Escuchaste lo último que te dijimos mamá y yo?

A veces pienso que es imposible, ¿cómo se puede vivir sin ti siete años y encima saber que esa cifra aumenta día a día? Cada mañana hace más tiempo que no estoy contigo, que no me miran tus ojos, que no me pincha tu bigote, que en mi móvil no existe el contacto Papá, hace siete años que no me llamas.

¿Y sólo me quedan recuerdos?
No, también acuerdos.

Cuando recuerdo los paseos en coche que dábamos sin prisa, locamente metiéndonos en el tapón de los viernes hacia El Condado en San Juan, o recorriendo la Avenida Paulista los sábados por la mañana antes de coger rumbo a donde fuéramos, o rematando una tarde de domingo en Lima yendo al centro y dar una vuelta alrededor de la Plaza de Armas, simplemente porque se veía tan bonita iluminada cuando empezaba a anochecer...

Me acuerdo, y hago un acuerdo para coger el camino largo hasta casa, descartar la M-30 y disfrutar la pausa de cada semáforo por el Paseo del Prado, Recoletos y Castellana.

Cuando recuerdo nuestros planes imaginarios para llevarnos a toda la familia de vacaciones a donde fuera, podía ser a Mato Grosso, daba igual, pero todos juntos, y comentábamos lo que diría y haría cada uno, disfrutando sólo con la idea de estar juntos y unas risas que pa'qué...

Me acuerdo, y hago un acuerdo para juntarnos siempre que sea posible, donde sea y por el tiempo que pueda ser.

Cuando recuerdo tu calma, tu temple y que nunca, ni una vez ni un día ni en mis mayores errores ni en tus peores días me hablaste enfadado...

Me acuerdo, y hago un acuerdo para intentar no enfadarme yo.  Claro que a mi no me sale perfecto, pero lo intento.


Y así voy, haciendo mil acuerdos día tras día, recordándote y acordándome de nosotros juntos. Por eso no eres una persona que fue importante en mi vida, eres una persona que influye en mi, en mis decisiones, en mis observaciones y reflexiones, en mis actos y en mi ánimo todos los días.


Así que te propongo que lleguemos a un acuerdo, Papá: Yo seguiré echándote de menos; tú sigue en mis recuerdos y recordándome todo lo que importa.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mi regalo del día del padre

En la encimera del ventanal de tu oficina tenías colocados montones de fotos con personalidades de éxito, souvenirs de compañeros de trabajo, placas conmemorativas de tus logros (y los de tu equipo, como siempre recalcabas), recuerdos de miles de lugares fantásticos del mundo... 

Y en tó el medio, destacando, lo que más saltaba a la vista era un pedazo de cosa fea, medio desvencijada y de colores ya despintándose por el paso del tiempo y las mudanzas.

Un porta-lápices hecho con palitos de madera que te había regalado yo por algún día del padre.

De aquellos tiempos cuando yo aún era un pegote, ni siquiera habíamos empezado nuestra aventura americana... Y sin embargo, lo llevaste siempre y lo tenías en el mejor lugar para que todo el mundo supiera lo orgulloso que estabas de tu hija y de cualquier tontería que hiciera.

Ojalá pudieras ver la de tonterías que estoy haciendo ahora, papi.
Disfrutarías tanto.



Ahora tengo yo en mi oficina, en lugar destacado y muy a mano, este armatoste para apuntarme las cositas importantes. Mamá lo rescató el otro día de entre tus cosas, ahora lo tengo aquí a mi lado.

Gracias, papi, por tu regalo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Carnaval con toque de Olodúm

Al principio no había separación entre Aiê, la tierra de los humanos, y Orúm, el cielo de los Orixás… las energías del universo. Hasta que una vez, mientras se trazaba el límite de Aiê, un humano tocó el cielo con sus manos y Orúm y Aiê quedaron para siempre separados. 


Ya ningún hombre podía ir al cielo y regresar de allí con vida, y tampoco los Orixás podían viajar a la tierra. Éstas divinidades fueron a reclamarle a Olodúmaré, el dios supremo, que les permitiera visitar la tierra de los humanos, y éste aceptó bajo la condición de que cuando visitasen Aiê debían hacerlo con el cuerpo material que ahora atribuimos a los Orixás.

Aquí en la tierra bailamos juntos la música de Olodúm, porque dançou que não entrou na dança. Estos carnavales como todos aquellos… en los que veíamos venir a Olodúm con su balanço da maré recorriendo el paseo marítimo de Salvador de Bahia y espalhando amor e axé pra todo o lado.

Así íbamos nosotros, arrastando o pé hasta el Pelourinho, con el repique o batuque e o choque do aço de los tambores de Daniela Mercury, que lloraba al ver la negrada que formaba el astral da avenida, que coisa tão linda. Nos movíamos con el resto de la moçada, batendo os pés no chão, y alcanzábamos el trio de Ivete Sangalo, donde iba a rolar a festa. Y allí podíamos quedarnos horas y horas, todo el carnaval, toda la fiesta, juntos y deseando que llegara la hora de subirnos a bailar al trio de Araketu. Porque sí, Araketu é bom demais.


Como por orden de Olodúmaré, nos visitas con el cuerpo de Orixá que nos saluda a mamá y a mi en la entrada, vestido de oro y turquesa, cada vez que llegamos a casa. Porque una vez que has ido a Orúm ya no puedes volver con vida a Aiê, salvo en forma de Orixá. Y así vienes a vernos en la tierra, a estar con nosotras todos los días.

sábado, 1 de noviembre de 2014

No me esperes en el cementerio, papá

No voy a ir. 

Allí están enterrados todos los malos recuerdos; tú estás profundo en mi corazón.

No me esperes en el cementerio. Allí sólo hay tristeza y la confusión de aquellos días. Recuerdos...

La tía Mari Carmen diciendo "Tengo mucho miedo" y el pavor que me provocaron a mi esas palabras. Blanca dándole vueltas a los papeles de la oposión en la habitación del hospital. La banqueta donde me sentaba al lado de tu cama para cogerte la mano mientras descansabas, sin saber si sabías que estaba allí. La tía Isabel ofreciendose, si yo quería, a dejarnos a solas. La tía Amparo preguntándome que si estaba preparada para lo que pudiera pasar. La tía Paloma y mamá agarradas a mis brazos, contándome que habían hablado con el médico. Y lo que les había dicho. Mamá y yo entrando a la habitación para despedirnos de ti.

Para despedirnos de ti.

Para despedirnos de ti. Y la abuela, por primera vez en la vida, sin saber qué hacer. El tío Javier buscando una respuesta "¿Y qué quieres que haga, Madre?" El tío José Miguel gritando, "Mi hermanico, por Dios." 

Vestido de negro, el cuervo aquél...

Pero profundo, donde estás tú... Ahí sí que se está bien. Son recuerdos que me abrazan.

María desgastando el suelo del hospital, caminando para arriba y para abajo, sin rumbo, sin conversación, simplemente a mi lado. La visita de Jorge de madrugada y aquella mentira que me contó. Los ratos que se pasaba Ana conmigo en las escaleras de emergencia y los que se salía Dolores a apoyarse conmigo en la mesita que había al salir de tu habitación. Ellas sabían que no iba a decir nada, pero aún así me acompañaban y escuchaban mi silencio. 

Papá, no me esperes en el cementerio. Noy voy a ir.
Tú ya estás aquí.

lunes, 11 de agosto de 2014

La cuerda de tu guitarra

No habíamos vuelto a tocar tu guitarra porque le faltaba una cuerda y faltabas tú. Pero sin ti aún seguíamos riendo, y tu guitarra seguía aquí. 

Alrededor de la mesa, amigos; al fondo, la silueta del Pico del Padrón. El momento era casi perfecto. Así que mientras mi amiga desataba la cuerda rota de tu guitarra desaté de ella tus manos también.

Camuflamos con nuestras cuerdas vocales la falta de la suya y tu guitarra, al fin, volvió a juntar un corro de voces alegres alrededor.

Con bastante poca cordura, y nunca mejor dicho, desafiamos al pasodoble que amenazaba desde la verbena, rodeados por la sierra de Bienservida improvisamos letras y risas, y así fuimos poco a poco apagando la noche de luna creciente.

La mañana siguiente, al despertar, enrollé la cuerda de tu guitarra y la guardé. Pues conservar un recuerdo no hace olvidar que no todo tiene que ser perfecto, basta con una buena compañía y un poco de imaginación para volver a cantar.

domingo, 3 de agosto de 2014

Sólo nos queda alegría

Blanca,

Ya sabes que nos encanta celebrar, así que aquí estamos otra vez. Ea.

No sé qué pasa que a la tímida siempre le toca hablar... Y rezar.
Hoy, otra vez, hablo por todos, así que aquí va un rollo más que te voy a soltar. Pero buen rollo, eh.

Has sido la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina mimada, la primera "lisensiada", la primera en muchas cosas... La prima mayor. Nos has ido abriendo camino a todos, y ahora somos todos más altos que tú. Menos yo, pero me he incluido.

Eres la prima mayor, pero aún más grande eres amiga. Y por eso ayer mismo en nuestra mesa sólo había carcajadas, mientras te tomabas unas cañas con tu primo pequeño al lado.

Me acuerdo que de pequeñas jugábamos María, Dolores, tú y yo... En el salón de abajo de casa de la abuela, nos subíais a unas sillas, nos dabais vueltas y vueltas y vueltas, nos partíamos de risa y hacíamos como que era el parque de atracciones.

Desde entonces -podría contar muchas cosas-, pero resumiré todo en que muchos años después, cada uno con vidas diferentes, caminos cruzados, idas y venidas, seguimos pasándolo como chiquillos cada vez que nos juntamos y haciendo de lo más simple lo más fantástico. De unas simples vueltas subidas a unas sillas a todo un parque de atracciones.

Blanca, te queremos y te admiramos.

Y admiro a todos los que estamos aquí. Porque los Serrano, y todos los que somos Serrano de roce o de cariño somos BUENOS, y cada uno hasta donde podemos vivimos mejorando y alegrando la vida a los que nos rodean. ¡La verdad es que somos la leche!

Y ya término.

Un poeta escribió: "Mientras más hondo excava el pesar en vuestro ser, más alegría podéis contener". Y nosotros, todos, ya llevamos bastante pesar "en lo arto"... Así que sólo nos queda alegría, que hoy se llama Celia, Blanca, Abuela, los Serrano, los Ots, los Villa,  todos los que estamos y los que no pueden estar, y todos los que viven en nuestra risa.

¡A celebrar!