miércoles, 2 de abril de 2014

Si hoy fuese hoy contigo

Si hoy fuese hoy contigo, por muy dura que fuese la jornada sabría cómo acabaría. Llegaríamos a casa cada uno a una hora aunque lo más pronto posible. Nos empezaríamos a arreglar, quizá para salir a un sitio chulo, o al mismo de siempre porque nos encanta… A lo mejor tú irías directamente desde la oficina, o nos pasarías a buscar: “Ya podéis bajar”. Llegaríamos al restaurante y nos sentaríamos en una mesa los tres. Yo en medio. Sonriendo, adelantándonos ya anécdotas del día, extenderíamos cada uno la servilleta sobre nuestro regazo. Yo abriría la carta directamente por la sección de carnes y mamá sacaría sus gafas del bolso. Tú no te quitarías la chaqueta del traje ni te aflojarías la corbata. Entre los tres elegiríamos un vino, quizá sugerirías un joven argentino del que te hubiesen hablado y, de entrante, para compartir, probaríamos alguna recomendación del camarero. Mientras nos trajesen los aperitivos aprovecharías para llamar a la abuela ahora que estábamos los tres. Luego brindaríamos y tú dirías “por mis mujeres”. Mamá empezaría a picar pan untándolo con mantequilla, y nos iríamos contando cosas del día, con quién habías hablado ya, qué habíamos hecho. Enseguida llegaría tu pescado/plato innovador, para mamá un risotto tal vez y yo aplaudiría cuando me presentaran el chuletón. “Nena, que te entra el nervio”. Seguiríamos de charleta, recordando viajes y sobre todo tonterías. En algún momento nos entraría tal ataque de risa que te taparías la boca con la servilleta y elevarías la mano cruzando tu frente para colocarte el flequillo. Mamá se encogería, y se le saldrían las lágrimas de no poder parar. Yo temblaría en mi silla, pensando ya cómo contar esto después. Las mesas de alrededor nos mirarían molestos o divertidos, nos daría igual, pero prediciendo nuestro no-parar, mamá finalmente diría “Queréis hacer el favor” y entonces seguramente nos reiríamos más porque ella diría que habíamos empezado nosotros. Entre risa y bocao te llamaría algún hermanico o sobrino que aun faltase por felicitarte y le mandarías un beso de las dos. Al llegar los postres tú no pedirías nada, mamá un café y a lo mejor una tarta de queso o una cosa de esas de chocolate con más chocolate por dentro, derretido, pero sólo si alguien iba a compartir. En estas yo vería que había sorbete de limón y al final pediríamos tres. Mientras llegasen nuestras copitas a mamá le entraría frío, se taparía los hombros con un fular y haría eso de bufrrrr. Te reirías y dirías “El español fino…” y "El español valiente...". Con el sorbete en la mano volveríamos a brindar y posiblemente pensaríamos sitios para nuestros próximos viajes. Mamá sugeriría Petra o San Petesburgo, yo diría que a ver si esta vez se pudiesen venir algunos de los tíos y recordaríamos de nuevo, sin duda, la vez que le propusiste a la tía Isa venirse a Viena y te dijo aquello de “Si, menuda Viena tengo encima”. Nos reiríamos, pero tú volverías a proponerle todo siempre porque siempre querríamos que todos viniesen. Mientras nos trajesen la cuenta haríamos repaso de lo que cada uno iba a hacer el día siguiente. Yo te preguntaría cómo hacer alguna cosa que no sabía y que probablemente había dejado para el último momento. Entonces me dirías, “Pero bueno nena, claro. Luego te entran la prisas y-papá-y-es-que-y-y-y-glín…”. Jo, papáMamá me diría que siempre me pasa igual, y tú me mirarías como diciendo lo que ya me habías dicho pero asegurándome tu ayuda. Finalmente, llegaría la cuenta. Todo habría estado riquísimo y se lo harías saber al camarero; cuando éste se fuese, mamá pondría cara y diría que sí, pero que ese vino raspaba un poquito. Yo le diría “No seas” y ella contestaría “A ver, ¿es que no?” Y nos reiríamos. Cogerías el bolígrafo y, antes de firmar, estirarías el brazo derecho en un acto reflejo para despejar tu muñeca del puño de tu camisa. Posiblemente yo te imitaría y sonreirías mirándome de reojo mientras mamá diría "Qué barbaridad, hija mía". Al posar la mano sobre la mesa, el mantel amortizaría el golpe y ruido de tu gemelo que, como el reloj y la corbata, habrías elegido por la mañana. Al levantarnos de la mesa diríamos gracias y buenas noches a los camareros que nos despidieran. Y al salir nos pondríamos cada una a uno de tus lados y nos echarías el brazo por encima… y así caminaríamos los tres, dando un paseo de noche hasta llegar al coche.


Eso sería.... si hoy fuese hoy contigo

miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Quién es mi padre?


“Nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre. Bueno, eso sí lo puedes decir”. Mamá me lo ha dicho muchas veces y está claro: Yo soy tú sin bigote.

Pero ¿quién eres? 

Hay personas que no dejan de ver a sus padres como “padres” y sólo empiezan a conocerlos y a quererlos como “personas” cuando los pierden, o cuando alcanzan una edad, o una madurez de no sé qué… 

Al final voy a tener que dar gracias a la vida, que me dejó tenerte más allá de los años infantiles, y sé que eres mucho más que una rodilla que me hacía el caballito y una mano firme que me sujetaba el sillín mientras aprendía a mantener el equilibrio en la bici.

Hemos jugado juntos, hemos pintado, inventado, hemos hablado de tonterías infinitas y de los asuntos más serios, hemos tramado y confabulado para darle sorpresas a mamá, hemos viajado juntos, tanto, tanto… hemos dormido juntos, hemos cantado, hemos sacado tiempo para vernos, hemos comido y hemos cenado, hemos volado horas y horas para pasar unos días juntos, hemos llamado a larga distancia diariamente para contarnos qué tal el día, hemos tomado decisiones, hemos empezado de cero juntos, hemos cerrado casas y hemos creado hogares, hemos pensado lo mismo, hemos reído, tanto, tanto… 

Nos hemos conocido y nos hemos querido. Y sé quién eres.

Eres un recuerdo y una presencia. Eres una carcajada repentina y el mejor consejo, un detalle planificado y un gesto espontáneo, una música de fondo y una puerta siempre abierta, un beso de buenas noches, un aperitivo en la cocina, un paseo por la carretera, una solución fácil y un predicador ejemplar, una mirada profunda, una idea brillante, un voto de confianza, un bigote y un baile improvisado, un argumento imbatible, todas las promesas cumplidas, divertido, natural, Serrano Navarro y de Bienservida, el último en irse de la fiesta… 

Eres mi padre.


viernes, 31 de enero de 2014

He hecho llorar a mi jefa

¿Has hecho un trabajo de pena? ¿Tan mala eres? No papi, bueno, creo que no… te explico.

Verás, junto a unas amigas del trabajo, le preparé un Kit de la Sonrisa… y acabó llorando. ¿Objetivo conseguido? Pues… puede que sí porque era de esas veces que se llora sonriendo. Y como todos sabemos, la sonrisa es el símbolo universal para decir: “Gracias, sois unas petardas.”

Mientras ella está pasando por un momento difícil, por ponerle un término entendible, como es la muerte de un padre – Jo, papá, es que ya os vale… hacernos pasar por esto. Ya lo vamos pillando, “No quiero que me necesites, quiero que me eches de menos”. Vale. Hecho.

Bueno, que me enrollo. Mientras ella va pasando todas las fases, minifases, subfases del traspié que precede a la caída, me veo reflejada en mini-yo, hace ya casi 6 años. A veces preferiría volver a esos primeros días de aturdimiento, de petrificación por instantes cuando todavía me tenía que frenar la naturalidad con la que me disponía a llamarte o a hablar de ti en presente. Preferiría volver a esos días porque haría tan sólo unos días que había estado contigo. 

Cuando te fuiste algunos se preocuparon porque no me desahogaba, decían que no hablaba. Pero es que yo no necesitaba hablar. Quería no hablar. (Total, ¿qué querían que dijera?) Necesitaba no hacer nada de lo que se esperaba que debía hacer. Y los que me acompañaban lo entendieron, así que me dejaron curarme a mi manera. Por eso monté este tinglado, para ir sanando poco a poco cada vez que escribo para ti. 

En estos días -y en todos realmente- espero que ella sepa que cuenta conmigo. No para llorar o para desahogarse, que también, si es lo que quiere, sino para acompañarla en la manera que ella elija para curarse. Puedo tomarme una cerveza y charlar cuando le apetezca, puedo ser de ayuda práctica cuando me necesite, y puedo hacerme invisible cuando no quiera saber nada de nadie.

Creo que ella no es consciente de lo importante que es en mi vida. 

Es una jefa excelente, me recuerda a ti, papi. Sabe coordinar, sabe decir bien las cosas y sabe decidir. Se interesa por mi trabajo, pero también por mi. Escucha mis ideas y mis anécdotas. Me ha descubierto el mundo de la interculturalidad. Ha jugado conmigo al pádel y se ha tomado conmigo unas cuantas cañas. Funciona con sentido común y sentido del humor. Me ha invitado a su cumple y ella ha venido al mío. Me demuestra día a día que no es tan difícil hacer las cosas bien. Ha sabido ver talento en mis aficiones, me ha animado a emprender, (básicamente me ha metido en un lío…) y ha convertido mis fortalezas en un proyecto. Conoce a mis primos. Me hace reír.

Cómo iba yo a saber aquél día que entré en su despachito mientras me hacía la entrevista de trabajo, que esa persona iba a ser tan importante en mi vida. Sí, una jefa es una jefa y es importante. Pero no es por eso… quizá un día relea esto y ella ya no sea mi jefa, pero seguirá llevando consigo el abrazo portable del Kit de la Sonrisa.

Es una jefa excelente porque es una persona maravillosa. Y ahora te dejo, papi. Voy a terminar de preparar la presentación del semestre de primavera, que si no mi jefa me va a matar.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Que un viaje juntos era tu cielo

Estábamos en la casa del pueblo. La tía Amparo esperaba en la mecedora de la entrada, mientras que a mi me avisaban de tu llegada, como cada mes. Subí corriendo y, a mitad de las escaleras -a la altura del zuncho más o menos- me reencontré contigo y nos abrazamos. El tío José Miguel se asomaba a la escena sonriendo desde la varadilla de arriba, pues él ya te había saludado.

Después de tu breve visita volverías al cielo.

Cada uno elegía su cielo. Tú habías elegido México y aquél último viaje que hicimos los tres juntos. Durante tu ausencia revivías todos los momentos: las canciones y las risas en Garibaldi, el mercadito artesanal y el paseo por cada habitación de la casa azul, las vistas desde el castillo, las trasmañanadas y todas las tonterías, el zumo de naranja que nos tomamos en la terracita de Cuernavaca y el momento en que compramos aquella máscara, nuestro ascenso a la pirámide al final de la avenida de los muertos…
 
 

Como cada mes, se te concedía una visita y cada uno podíamos tenerte durante siete segundos. Aprovechando que estaríamos todos en el pueblo, esta vez te apareciste allí, donde te iluminaba el solazo invernal de Bienservida a través de la cristalera de nuestra casa.

Así que allí estábamos… abrazados. No nos dijimos nada, porque no había nada que decir más de lo que te conté con la lágrima que te dejé en el hombro de tu jersey azul.

Pasaron muy rápido esos siete segundos y yo no podía apretarte más fuerte. Sin querer, pero aposta, te solté. Porque tú tenías que ir a ver a mamá, y yo me tenía que despertar.

viernes, 1 de noviembre de 2013

¿Cuánto tiempo voy a quererte?


Papi,
Nuevamente estamos aquí un día de Todos los Santos. La gente ha ido ya a ponerte flores, pero sabes que yo no voy a ir.


"¿Cuánto tiempo voy a quererte?
Mientras las estrellas brillen sobre ti.
Y más, si puedo." 

martes, 22 de octubre de 2013

Sólo andaba pensando

Papi, tengo un problema.

Creo que tanto tiempo he estado lejos de mis primos, y tantas veces me he tenido que separar de mis amigos, que ahora que tengo a un puñadito a mano me aferro a ellos más de lo que ellos quieren o necesitan.

Yo me esfuerzo en juntarnos, pero no siempre resulta. Es normal...

Lo que me duele es que casi siempre que sí nos juntamos es porque me he empeñado yo, he perseguido, he insistido... Me da miedo cansarme algún día. Me da pena pensar qué sería de todos o de cada uno si desapareciera por un tiempo. ¿Se seguirían viendo, se llamarían, quedarían sólo de vez en cuando? Quizá quedarían sólo en ocasiones especiales, cuando tanto me he esforzado en que cualquier ocasión fuera especial...

Esta costumbre mía de juntar a unos y otros, ¿es tan rara como genial, o sólo me lo parece a mi?

Tú decías que las amistades hay que cuidarlas.

Eso intento, porque creo que tenías razón. Pero no puede tirar siempre la misma persona, porque si yo soy su amiga, ellos también deberían tirar de vez en cuando de mi.

Bueno... Sólo andaba pensando.

Cada uno tenemos que estar en nuestro sitio. ¿Pero todo el mundo sabe cuál es el suyo?

No te preocupes. Sé también que todo se puede compaginar... si uno quiere.

Ya sabes que soy un poco como tú. Mucho me temo... que seguiré insistiendo.

martes, 6 de agosto de 2013

Blanca, Jorge, Celia, y todos nosotros


Hola Papi,

Quiero contar tanto y escribir todo a la vez y, verás, que al final no explico mucho. Como tú decías, quien tiene mucho que contar corre el riesgo de omitir algo, pero como añadirías también, es un riesgo que hay que asumir.

No voy a relatar la historia de lo que pasó porque no queremos recordarlo, sino la historia de lo que vivimos porque no debemos olvidarlo.

Una nueva vida con la alegría y el amor inmediato que nace con ella, abruptamente interrumpidos por un susto, incertidumbre y un revuelo de todos y tantos los que os queremos tanto.

Cada uno en su sitio, como dijo el abuelo Ots, fuimos haciendo lo que pudimos: Unos movilizarse; los que lo fueron sabiendo interesarse; unos pocos rezar, algunos de ellos con fe y otros por costumbre, pero todo cuenta; otros disimular, otros ponerse muy nerviosos y otros tranquilizar a los demás, algunos simplemente estar, que no es poco; y todos... querernos.

Desde el primer momento se fue creando un tejido salvavidas de llamadas de preocupación esperanzada, mensajes de ánimos sinceros y, para introducir el contexto actual, emoticonos sólo de corazoncitos y besitos, de pensamientos positivos y seguros, de recuerdos que evocaban fortaleza serrana, voces fuertes o silenciosas, al oído o a distancia que no decían más que cosas bonitas y, además, verdaderas.

Los que pudimos acompañar las horas vimos y vivimos...

Medias sonrisas, preocupadas pero recomfortantes. Lágrimas libres, caricias tímidas. Tensiones ahogadas en abrazos largos. Pinchacitos y cosquilleos simultáneos en el corazón, disimulados por la certeza tan cierta como cierta la esperanza. Besitos ocasionales, y paseos cortos pero interminables mientras esperábamos. 

Que conste, Blan, que sólo te lo cuento porque como eres la que mejor cabeza tiene :) y todo lo tienes que saber...

No nos importaba esperar, porque fuera cuando tuviera que ser llegarían los abrazos de alivio aunque no de descanso. Todavía. 

Y no nos importaba esperar más hasta la recuperación definitiva, porque sabemos que cuando pueda ser -que será más pronto que tarde- nos cobraremos juntos esa caña y, esta vez, brindaremos por Celia, por Jorge, por todos tus amigos y tus dos familias que ya son una, y brindaremos por ti... ya contigo.

Y que no te pesen estos días, que no han sido perdidos, sino ganados a la vida. Para estar con Celia, para estar con Jorge, para estar con todos nosotros y, en cuanto haga un poco de frío invitar a los SerranOts a Bienservida, que quieren rutas y chimenea. Lo hemos prometido y eso les daremos. Eso, y todo lo que quieran, porque son nosotros.